martes, 11 de marzo de 2014

Sucubo, parte 1.

 Como todas las noches se acerca, compra una chocolatina y se inclina dejando ver un exuberante busto  mientras mechones de su cabello chocolate caen rozando su piel y mis ojos se paralizan en esos dos monumentos de lo sensual. Huele a vainilla y la boca se me hace agua. Por fin recobro el sentido y miro su cara, redonda con unos ojos negros como la noche, grandes pestañas, una nariz pequeña y respingona,  labios carnosos, grandes, me sonríe, veo sus labios extendiéndose y dejando ver unos dientes blancos y grandes, su sonrisa lobuna me atrapa.
Se da la vuelta en dirección a los refrescos y con el dedo índice izquierdo levanto mis gafas, que hasta hace no mucho eran de pardillo y que  ahora todos llevan, justo a tiempo de ver como se agacha a por una Coca-Cola del fondo, se pone de cuclillas para cogerla y cuando se levanta puedo observar lentamente su movimiento: echa su cuerpo hacia adelante dejando ver una curva en su espalda, su culo se levanta suavemente haciendo que esos pantalones cortos parezcan un simple tanga y su largo pelo ondulado se mueve hacia los lados dándole una imagen de sirena. Siento algo duro en el pantalón y no me extraña, es como un ángel maldito.
Se acerca al mostrador, llevo solo 7 meses trabajando en la gasolinera y todos los viernes llega ella, pero nunca dejo de asombrarme y calentarme, sus tacones resuenan en el suelo “ clac” “clac”, abre su chaqueta para sacar la cartera del bolsillo interno y sus pechos salen disparados de esa prisión de cuero marrón dentro de un top de tirantes con un escote que no deja nada a la imaginación, abre sus labios y empieza a emitir un sonido dulce y ronco que emerge de su garganta, mi piel se eriza.
- Hola cielo –me dice mordiéndose el labio inferior – ¿me das un paquete de cigarrillos?
La miro de arriba abajo, no puedo apartar la vista, es como una Afrodita motera, sus ojos nocturnos pintados no dejan de mirarme esperando mi reacción y me doy la vuelta a por su tabaco, siempre el mismo, siempre los mismo movimientos, siempre parezco idiota a su lado.
- Muchas gracias guapo –me sonríe, una sonrisa enorme y mis manos sudan, soy patético -¿cuánto es?
Me está vacilando, sabe cuánto es, siempre hace la misma compra, pero siempre respondo una risita estúpida.
-Son 8,70 pre…preciosa.
¡Mierda! ¿Qué coño acabo de hacer? La he llamado preciosa y encima  como si fuera retrasado, me empiezo a frustrar y mi sonrisa se vuelve tensa, quiero correr de ese sitio, pero de pronto capto una risita que viene de su hermosa boca, sus ojos se achican y su risa resuena por toda la tienda. Para y me mira con algo parecido a la ternura y lastima.
-Eres una monada  –sus ojos ahora son más serios y pasa la lengua por los labios superiores mostrando un pircing rosa -¿cómo te llamas?
Mi cerebro no puede procesarlo, ¿le he gustado? ¿O solo quiere molestarme? Me da igual, es la primera vez que llego así de lejos y no quiero malgastarlo, iré a por todas.
-Max – suelto tan rápido como puedo, parezco un pardillo, se reirá de mí.
-Maaxx –saborea las letras, me vuelven loco esos labios –eres una monada, yo soy Ishtar, ¿a qué hora sales de aquí?
Me he quedado sin sentido, quiere verme al salir, no lo puedo creer, que hago, me mira con impaciencia. Echa el pelo hacia atrás con su mano, acerca su escote  al mostrador y se muerde el labio inferior.
Cuando me doy cuenta tengo la boca abierta y parezco un pervertido, me sacudo la cabeza y una risita sale de su boca.
-¿Y bien? –insiste -¿Te apetece que nos veamos luego?
-Claro, salgo a las 12.
-Pasare a por ti, cielo.
Me cambio de camisa y salgo de la gasolinera a las 12:10, ella está ahí fuera, esperándome en un coche mercedes blanco con todos los cristales tintados,  fuma y cuando me ve se me acerca. Me da dos besos y sus tetas me rozan sorprendiéndome.
-Ven
Dice mientras entra en el asiento del conductor y cuando voy a cerrar la puerta veo a mi compañero con la boca abierta sin creerse mi suerte. Estoy temblando, ¿qué estoy haciendo?
No deja de mirar a la carretera y sonreír, no sé qué decirla, me remuevo en mi asiento y la observo, sus movimientos delicados, casi como de una princesa, estoy a punto de decirle algo y me mira.
-¿Cuántos añitos tienes, Max? –me mira de arriba abajo y veo su lengua posándose sobre sus dientes.
-Tengo 19 ¿y tú?
-Eso no se les pregunta a las señoritas, ¿no te lo enseño tu mama? –ríe  y su rostro se torna serio de repente -¿Te molestaría si fuera mayor?
- No –digo asustado, sus ojos son peligroso, como una serpiente a punto de atacarte –yo… Yo… -Tartamudeo – Solo quería saber algo de ti.
Estoy sudando, la he cagado, ella no querrá volver a verme.
No hablamos durante todo el trayecto, conducimos a oscuras saliendo del pueblo y llegamos a un bar de carretera donde solo hay tres coches. Apaga el coche y sale de la máquina, dirigiéndose hasta mi puerta, no me he movido, abre la puerta y se mete dentro subiéndose en mi regazo.
-Es aquí, cielo –vuelve a sonreírme y se acerca mi rostro –espero no haberte asustado, me pareces muy mono –abre los ojos y veo como un destello rojo –me gustan mucho tus labios, son muy comestibles.
Estoy paralizado, la sangre corre por todos lados sin pararse en ningún sitio, su aliento a menta y a vainilla me embruja, me quedo fija en sus labios pintados de marrón e intento besarla pero se aparta.
-Tu… Tu eres muy guapa.
-Eres un amor de persona, vamos, -se levanta y sale del coche –vamos a tomarnos algo y a conocernos.
Entramos en el bar y nos dirigimos a la barra, es como un restaurante familiar con manteles de cuadros y dibujos en las paredes, en una mesa de la esquina hay un hombre masturbando a una rubia demasiado borracha e intentando fingir que están hablando.
Nos sentamos en una silla y pedimos dos cervezas, Ishtar empieza a preguntarme sobre mi vida, con vitalidad, ya no parece una vampiresa, desprende energía y se interesa por mí. Le cuento mi historia, donde nací, las galletas de chocolate que hace mi mama cuando le hago el desayuno y que estoy ahorrando para ir el próximo año a la Universidad.
-¿Y quién eres tú? –le pregunto con familiaridad, ya no dudo, no tiemblo, solo disfruto de ella, pero su rostro cambia.
-¿Quién soy yo? –suspira –Solo una incomprendida más que lucha por sobrevivir. –Da un trago acabando con la cerveza, suspira –Dos chupitos de tequila guapo –le pide al barman y le guiña un ojo.
-Lo siento, no quería molestarte.
-No lo has hecho, ¿Y sabes qué? –me susurra al oído mordiendo mi lóbulo –Esta noche me lo quiero pasar muy bien contigo, ¿hacemos locuras?
-Tengo que ir al baño –soy imbécil –ahora vengo.
Miro al espejo y me hecho agua a la cara, me observo, no soy nada especial, un chico normal. Me acerco al espejo y analizo mi cara, mis ojos son castaños, tengo la nariz algo grande y ya no hay rastro del acné, eso es bueno, dijo que mis labios eran bonitos, será verdad. Antes de salir le pedí gomina a mi compañero de trabajo e intente hacerme algún peinado moderno, pero más bien parece que un gato me ha peinado el pelo cobrizo.
Vuelvo a mojarme la cara y cuando me dirijo a la puerta esta ella, de pie al lado de una viga, con los brazos cruzados y mirándome con cara seria, no tenía la chaqueta y su top blanco dejaba ver su sujetador negro, se acercaba a mi balanceando su cadera a los lados, estábamos frente a frente, saboreo su sabor sin probarla, sonríe y pone sus manos sobre mi boca.

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