-¿Estás
preparado para empezar las locuras?
No soy capaz de
hablar ni decir nada, mi respiración se acelera y mi cuerpo se paraliza. Se está
acercando a mi oído y susurra algo, pero mi cerebro no es capaz de
comprenderlo, pasa su lengua por mi cuello y baja sus manos por mi torso hasta
llegar a mi paquete. ¡Me está metiendo mano! No sé qué hacer y empiezo a
acariciarle la cabeza mientras ella se come mi cuello, quiero besarla, pero me
bloqueo cuando empieza a bajarme la cremallera del pantalón, agarra mi pene y
empieza a tocarme mientras me mira a los ojos, solamente me mira, me vuelvo
loco y cojo su cabeza para besarla pero se niega, solo pasa la lengua por sus
labios y mientras mueve su mano con movimientos rápidos sobre mi erección.
-¿Te
gusta, Max? –susurra en mis labios sin tocarlos.
Quiero correrme,
agarro sus pechos y empiezo a lamérselos por encima, deseo sacarlos de ese top
y devorarla, entonces para. Estoy sudando, aún no he terminado y me sonríe con
malicia.
-¿Quieres
más? – ¿en serio me pregunta eso? –Pues tendrás que seguir esta noche conmigo.
Sale del baño, me
quedo solo, con la polla por fuera, sudando y con cara de loco. Esta será la
mejor noche de mi vida, lo presiento. Me coloco la ropa y salgo corriendo del
baño, pero no ella no esta.
-Ha
dicho que te espera fuera, ya ha pagado todo chaval –me mira -¡qué suerte
tienes cabrón! –se ríe a carcajadas y salgo hacia afuera.
Esta fumando
sobre el coche y cuando me ve salta hacia mis hombros, tira el cigarrillo y se
acerca a mis labios, esta vez los roza, solo los roza y cuando busco más se
acerca a mi oído.
-¿Continuamos
la fiesta?
Subimos al coche
y conduce, ya no sonríe, ya no se muerde el labio ni me mira, esta recta en el
asiento, con las dos manos en el volante y conduce, embrague, cambio de marcha
y acelera más y más rápido, y lo mejor es que no me importa, sigo recostado en
el coche mirando la oscuridad de la carretera, no pienso, no me lo quiero
permitir.
Pasamos a un
camino de campo, las ramas de árboles chocaban con nosotros y los pequeños
animales corrían con el paso del vehículo, llegamos a un riachuelo con una isla
en el centro. Estamos lejos de la ciudad y las estrellas nos cubren viéndose en
su casi totalidad, la luna es la única luz y permite ver poco, el reflejo del
agua y algunas luciérnagas.
-Vamos,
–mira firmemente el agua –quiero divertirme.
Sale y va al
maletero de donde coge unas botellas de cerveza y se dirige al asiento trasero,
la miro y no puedo creérmelo, mueve la cerveza de un lado a otro invitándome a
su fiesta y sin salir del coche me voy a su lado, abre una cerveza y se sienta
en mis piernas de nuevo.
-¿La
compartes conmigo? –me hace un puchero con la boca sacando pecho.
Empezamos a beber
juntos, primero ella luego yo, luego echa la cabeza a atrás y abre la boca
mientras le introduzco la bebida, se ahoga un poco y casi toda la cerveza cae
en su top blanco, manchándola. Me mira y eleva los hombros, como si diera
igual, quitándose el top quedándose en sujetador, negro y con lacitos azules
entonces se tira cerveza en los pechos y me lanzo a chupárselos, me agarra de
la cabeza, me acaricia y gime, joder, gime y empieza a moverse sobre mí.
Acabamos de
bebernos cinco cervezas, estoy algo mareado y ella no para de reírse y de
lamerme el cuello, me da pequeños besos en los labios, apenas los roza,
entonces agarra mi mano y empieza a tocarme los dedos, separa el índice y se lo
mete en la boca, con movimientos seguidos, me mira a los ojos, seduciéndome.
Para y sale del
coche, las luces siguen encendidas y se pone de espaldas, levanta los brazos y se
gira, me sonríe y empieza a desvestirse, primero los tacones, después empieza a
desabrocharse el pantaloncito: quita el botón y baja la cremallera muy
lentamente. Empieza a bajarse los pantalones solo con los dedos pulgares sin
dejar de mirarme. Se vuelve a dar la vuelta y veo como se quita el sujetador,
lanzándolo al aire, sigue andando y se adentra al agua por completo, saca la
cabeza y me mira de nuevo, levanta la mano y me llama con el dedo índice.
Abro la puerta
rápido y corro, me quito las deportivas y la camisa, bajo la cremallera y mis
pantalones, pero tengo problemas con los calcetines, no me puedo quitar los
calcetines corriendo, me mato, lo veo. Me quedo en boxers, son negros y me
adentro a la oscuridad del agua, quizás hay culebras o animales que me coman,
¡no seas neurótico! Me pongo a su lado, el agua solo me llega a la cintura y me
arrodillo, se cuelga de mi cuello con las manos y a las caderas con las
piernas.
Me empieza a
besar, con fuerza, nuestras lenguas se rozan al igual que nosotros, se mueve
como loca sobre mi paquete mientras me besa, acaricia mi cara, mi pecho y yo
toco todo, manoseo sus pechos y cojo su pezón con una mano viéndola estremecerse
y gemir, con la otra atrapo sus nalgas y las aprieto, me vuele loco, sus besos
húmedos se vuelven lentos, muerde mi labio inferior, de pronto para. Me mira y
acaricia mi cabello.
-No
puedo esperar más, -dice en mi oído entre jadeos –no quiero esperar más.
Se levanta y me
coge la mano, me dirige hasta la pequeña isla del centro del rio, estoy algo
mareado, pero continuo de su mano, cuando llegamos me mira, las luces aun nos
alumbran y la veo ahí, semidesnuda, lo único que la tapa es un pequeño tanga
negro con lazos azules al igual que su sujetador. Levanto mi mano y la acaricio
el rostro, dirige mi mano hacia su cadera, donde tiene el tanga y me pide en un
susurro que se me lo quite, con los dedos índice baje esa pequeña tela y con mi
mano derecha empiezo a tocar la piel lisa y suave que estaba escondida bajo
ella, vuelve a coger mi mano y la aprieta contra su sexo e introduzco un dedo
mientras nos tumbamos de lado mirándonos a los ojos, a la vez empieza a
masturbarme y dejo de tener el control sobre mí.
Me coloco encima
de ella con mis piernas entre sus caderas, cojo sus delicadas muñecas con una mano
y las sostengo por encima de su cabeza mientras beso una de sus perfectas
tetas, sus pezones rosados están duros buscando mi atención. Bajo mi cara sobre
el derecho lamiéndolo lentamente, con mi mano aprieto el otro sin olvidarme de él
y cuando la oigo gemir muerdo lentamente, levanto la cara y veo su cuerpo, sus
pechos rojos, sus ojos brillantes y el labio hinchado de mordérselo, paso mi
mano por su coño y está húmedo, perfecto.
Sonríe y se
deshace de la prisión de mi mano sobre sus muñecas. Poniéndose boca abajo e
intentado huir, pero la sujeto de las caderas y me tumbo sobre ella.
-No te
vas a escapar –sale de mis labios, pero ese no soy yo, no suena como mi voz, me
ha convertido en algo que no entiendo.
-¿Y
qué vas a hacer? – me pregunta con fingida inocencia.
Tiro de sus
mechones chocolate y muerdo su cuello, abro sus piernas desde atrás, coloco mi
polla en la entrada de su cueva que empieza a mojarme sin entrar, tiro más de
su pelo para tener su cara a mi altura y veo como se apoya en los brazos, me
mira con interés y deseo, doy un lametazo en el lóbulo de su oreja y sin que se
lo espere me adentro en ella, sus ojos se abren a la vez que su boca y empiezo
a moverme lentamente, resbalándome por su interior.
Poco a poco voy
acelerando el movimiento, busco apoyo colocando mis manos al lado de las suyas
acelero mis caderas, grita y gime, me pide más y algo en mí se despierta, me
apoyo sobre mis rodillas y voy levantándome con ella aun dentro, levanta su
culo buscándome pero no le da tiempo y salgo. Se arrodilla girándose sobre mí
abruptamente y me mira como si le hubiese quitado un caramelo.
-¡Fóllame
más joder! –Me grita.
Rápidamente
empujo su cabeza y se pone a cuatro patas, sin que le dé tiempo a acomodarse meto
mi verga agarrándola de las caderas y doy una sola embestida. Grita. Y la
follo, la embisto rápidamente sin dejarla un descanso, estiro mi brazo izquierdo
agarrándome a su hombro y con la otra mano acaricio un trozo de su nalga
derecha.
-¡Max!
–grita y me ciego.
Vuelvo a apoyarme
en sus caderas yendo despacio pero con movimientos más fuertes, gime cada
vez que me abalanzo con fuerza, me pide más, dice mi nombre y levanta su
trasero buscándome como una gata en celo.
Me mareo y siento
en mi miembro la necesidad de correrme, acelero el ritmo de nuevo, rápido,
resbalo mi polla en su coño estrecho, mojado y siento que me corro, voy más
rápido, no le da tiempo a gemir solo suspira
y sus gritos se entrecortan, arremeto contra ella y lo siento. Sin más
paro, no he terminado pero mi cuerpo ha
parado, me siento cansado y no puedo seguir, se gira con su carita roja
preocupada.
-¿Estás
bien, cielo? –pregunta casi asustada.
-Si,
-contesto confuso –solo algo cansado.
-No
pasa nada –vuelve a lamerse el labio inferior –yo puedo ayudarte.
Me empuja y caigo
de espaldas, se acomoda sobre mi erección y empieza a frotarse, mueve sus
caderas y me siento bien de nuevo, levanta sus brazos por detrás levantando su
pelo mientras mira al cielo, mis manos rápidas van al encuentro con su
delantera y sin más se clava en mi pene y empieza a moverse, tiemblo, no sé qué
hacer con las manos.
Sus caderas se
mueven hacia todas partes, no la sigo, se inclina y se le caen algunas
piedrecitas que tiene pegadas en el abdomen, se aferra a mis pectorales con las
dos manos y me araña, pero solo siento mi polla empalando su feminidad, levanto
mis caderas buscando meterla, todo lo posible, solo quiero sentirla por completo.
-¿Estás
listo? –pregunta entre cortada por los gemidos.
-Sí.
–Que más decir, quiero correrme ya y seguir comiéndomela.
-Yo
también te quiero comer.
-¿Cómo?
Sus movimientos
se aceleran, ¿también? ¿Cómo coño lo ha sabido? Pero sus movimientos me
enloquecen y la sangre esta toda en mi hinchado órgano a punto de culminar,
agarra mi mano y me incorporó quedando los dos sentados enfrente del otro,
besándonos mientras nuestros sexos se unían. Lo siento correr por mi cuerpo, el
éxtasis, me corro, cierro mis ojos y abro la boca emitiendo un gemido desde lo más
profundo de mi ser.
-Lo
siento mucho cielo –susurra.
Se acerca a mis
labios me mareo, no siento nada, abro los ojos y veo que no es ella, su pelo marrón
se ha vuelto blanco, sus hermosos ojos son completamente negros con una línea
roja vertical y sus cuatro colmillos han crecido como los de un lobo.
Estoy asustado
pero no me puedo mover, ella continua con sus movimientos y yo no puedo
moverme, estoy débil y ella sigue siendo hermosa, sigue gimiendo y de pronto
grita, abre su hermosa boca y veo como algo de mis labios sale hacia los suyos.
Araña mi pecho abriéndolo. Lo último que veo es una lágrima.
Sostengo el
corazón del chaval que acabo de matar con mi mano derecha, es la primera vez
que derramo una lagrima, muerdo su órgano y la sangre corre por mi boca,
bajando hasta mis pechos y el cuerpo inerte del chico, que parece una momia,
toda su energía es mía, se la he robado y él no es reconocible. Me limpio en el
rio, me dirijo al coche a por la ropa que hemos tirado, me visto y doblo la suya
sobre su cuerpo, abro una cerveza y la derramo sobre él, el fuego no dejara nada
de su paso.
Vuelvo al
vehículo y cojo una pequeña caja de madera, la abro, acaricio el terciopelo morado,
ahí dejo el trozo de corazón que he dejado. Miro hacia la fogata de su cuerpo y
derramo otra lagrima a la vez que enciendo un cigarrillo de los que me vendió.
Me subo y conduzco… No vuelvo a mirar atrás, esa es la norma, esa es la
condena.