Salí corriendo, y todos aquellos seres se reían a mi paso: conejos con orejas de perro y patas de pato, esfinges con serpientes en los cabellos,...
Corría a través de ese bosque sobrenatural, corrí y corrí, y de pronto tropecé. Mis lágrimas corrían salvajes por mi rostro y me dirigí hacia el agua que oía en la lejanía, les escuchaba a todos mofarse, mas yo caminaba mirando al suelo. Cuando llegue vi una pequeña charca de azul cristalino con flores, arboles y sorprendentemente vacía. Me acerque y descargue el dolor que corría por mi cuerpo haciendome llorar desconsoladamente.
- ¿ Qué son esos ruidos? -escuche en la lejanía.
Me agazape y me escondí tras un árbol cuando vi a una hermosa mujer de cabello negro, ojos amarillos y piel morena.
- Lo siento - dije timidamente- no quería molestar, ya me voy. -Sorbía por la nariz y me limpiaba con el dorso la mano.
- Querida niña -vino a consolarme- ¿por qué lloras?
Le conté de mi desventura, como aparecí sin saber porqué en este mundo y las mofas propiciadas por sus habitantes. Ella me consoló y abrazo, me ofreció quedarme con ella cuanto quisiera y acepte.
Vivía en una cueva con las cosas necesarias y un día decidí salir al bosque, donde de nuevo fuí el objeto de sus risas, maldades y acoso. Llegue a la cueva con la cara llorosa y las rodillas en carne por los empujones que me daban. Ella vino a mi lado y me consolaba tiernamente.
-Ojalá pudiera hacer algo para que me dejasen, solo quiero eso.
Entonces me relató que a media noche la charca era mágica y si me adentraba en el medio podría hacer todo lo que yo deseara.
Decidida fui con ella, era casi la hora y me adentre en las cálidas aguas mientras peces fluorescentes me acariciaban juguetones, al momento llego la hora, miré hacia mi anfitriona que se adentraba en el agua haciéndose una con ella, convirtiendo en liquido su cuerpo preguntándome que qué era lo que más quería, a lo que conteste:
-Solo quiero que me traten bien.
El agua se elevaba en un circulo sobre mi, ella se acerco a mi y beso mis labios insertando su lengua liquida que caía por mi garganta. Se separo y de pronto todo cambió, mis piernas se volvieron de ciervo, mis manos garras de tigre y en mi cabeza sentí que nacían cuernos. Comencé a gritar y mientras miraba decía:
-Ahora nadie te odiará, nunca más.
La pequeña laguna volvió a la normalidad y cuando llegue al bosque sus palabras resonaron en mi, "nunca más" entonces vi a un niño llorando y sin saber porqué empiezo a gritarle.
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