Y duele, joder que si duele. Sientes un millón de cuchillazos en tu ser y lloras, como cuando no querías dejar de jugar y veías a todos irse dejándote sola a merced de la noche. Recuerdas el miedo que te daba volver sola a través de la carretera oscura escuchando gritos desgarradores.
Es un camino largo, intenso, fúnebre que recorres y, lo juro, se te hace eterno volver a casa. Pero, ¿de verdad quieres que vuelva a casa? ¿De verdad quieres volver tu?
Y sigues llorando, porque aunque hallas llegado esto no se ha acabado, porque sientes un vació tan grande y profundo que deseas llenarlo con lo que sea y, maldita sea, los gritos ayudan mucho. GRITO. Grito como un bebe alejado de los brazos de su madre, hacia tanto que no gritaba así.
Entonces llueve, te empapas, hace frió y enfermas, no quieres taparte, secarte y dejas que esas gotas recorran tu alma y sigues llorando. La lluvia acaricia tus lágrimas, besan tu dolor y abrazan tu alma. pero ¿qué alma? Yo no veo ninguna en mi interior. Lamentas lo que no hiciste, porque ahora te parece que DEBÍAS haberlo hecho, aunque no te pareciese bien antes. Y lo haces, rememoras lo que fue.
Olvidas el presente convirtiéndote en un fantasma.
Te dicen que no pasa nada. Pero vuelves y ves que todo es distinto, mas yo no quiero volver a cambiar. ¿Por qué hay que pasar por ese dolor de nuevo? Y lo pasas, te destroza, no sabes quien eres, quien eras o quien seras. Y vuelve a llover, te sientes reconfortado, pero en realidad es una mascara. Finges. Ya se fue la felicidad.
Las memorias de la Luna
lunes, 12 de mayo de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
Nunca más.
Levanto los ojos de la mesa y aparecen seres que nunca vi en mi mundo cuadriculado, un árbol con rostro me mira y empieza a reírse de mi apuntándome con sus ramas que le imitan. De pronto una especie de ave con cuerpo de búho, cara de sapo y patas de lagartija, me miraba con sus ojos marrones emitiendo una sonora carcajada.
Salí corriendo, y todos aquellos seres se reían a mi paso: conejos con orejas de perro y patas de pato, esfinges con serpientes en los cabellos,...
Corría a través de ese bosque sobrenatural, corrí y corrí, y de pronto tropecé. Mis lágrimas corrían salvajes por mi rostro y me dirigí hacia el agua que oía en la lejanía, les escuchaba a todos mofarse, mas yo caminaba mirando al suelo. Cuando llegue vi una pequeña charca de azul cristalino con flores, arboles y sorprendentemente vacía. Me acerque y descargue el dolor que corría por mi cuerpo haciendome llorar desconsoladamente.
- ¿ Qué son esos ruidos? -escuche en la lejanía.
Me agazape y me escondí tras un árbol cuando vi a una hermosa mujer de cabello negro, ojos amarillos y piel morena.
- Lo siento - dije timidamente- no quería molestar, ya me voy. -Sorbía por la nariz y me limpiaba con el dorso la mano.
- Querida niña -vino a consolarme- ¿por qué lloras?
Le conté de mi desventura, como aparecí sin saber porqué en este mundo y las mofas propiciadas por sus habitantes. Ella me consoló y abrazo, me ofreció quedarme con ella cuanto quisiera y acepte.
Vivía en una cueva con las cosas necesarias y un día decidí salir al bosque, donde de nuevo fuí el objeto de sus risas, maldades y acoso. Llegue a la cueva con la cara llorosa y las rodillas en carne por los empujones que me daban. Ella vino a mi lado y me consolaba tiernamente.
-Ojalá pudiera hacer algo para que me dejasen, solo quiero eso.
Entonces me relató que a media noche la charca era mágica y si me adentraba en el medio podría hacer todo lo que yo deseara.
Decidida fui con ella, era casi la hora y me adentre en las cálidas aguas mientras peces fluorescentes me acariciaban juguetones, al momento llego la hora, miré hacia mi anfitriona que se adentraba en el agua haciéndose una con ella, convirtiendo en liquido su cuerpo preguntándome que qué era lo que más quería, a lo que conteste:
-Solo quiero que me traten bien.
El agua se elevaba en un circulo sobre mi, ella se acerco a mi y beso mis labios insertando su lengua liquida que caía por mi garganta. Se separo y de pronto todo cambió, mis piernas se volvieron de ciervo, mis manos garras de tigre y en mi cabeza sentí que nacían cuernos. Comencé a gritar y mientras miraba decía:
-Ahora nadie te odiará, nunca más.
La pequeña laguna volvió a la normalidad y cuando llegue al bosque sus palabras resonaron en mi, "nunca más" entonces vi a un niño llorando y sin saber porqué empiezo a gritarle.
jueves, 13 de marzo de 2014
Un beso.
Curioso momento en el que me di cuenta de lo bonita que era tu sonrisa, me mirabas con esos ojos marrones y te reíste de mi penoso chiste, que estúpida fuí, que loca estaba y que jóvenes eramos. Después paso el tiempo y nos fuimos separando, empezó el instituto, conocimos a otras personas.
Un día me llamaste eufórica, lo recuerdo como si fuera ayer, me dijiste que tenias novio, Lucas se llamaba y que te había dado tu primer beso. Ese día mi estomago se revolvió, no entendía lo que pasaba, sonreía porque tu eras feliz, pero ese tal Lucas no me caía nada bien... Estúpida pubertad.
Después te dije que nos mudábamos y celebramos nuestra ultima noche de chicas, comimos pizza, vimos la tele hasta la tarde y mirándome a los ojos dijiste "A pesar de la distancia y de lo que vallamos a cambiar, tu siempre estarás en mi corazón" mientras sacabas un paquete de tu mochila, nuestra foto en un marco de corazones. Lloramos como las niñas que eramos, después me fui.
En esa época conocí a Brian, extranjero, de ojos verdes con el que compartí mis primeras noches bajo las sabanas, después vino Adan con quien fui a Londres con solo una mochila, Ruth era rubia y le encantaba nadar en el mar por la noche y sin ropa a mi lado, Carla, Diana, Pedro,...
Y ahora, después de de 15 años nos volvemos a ver, vuelvo a acariciarte la cara, a abrazarte y a contarnos las aventuras que disfrutamos. Ahora, que entiendo todo lo pasado, me doy cuenta de que eras mas que mi mejor amiga, eras mi primer amor. Y, a pesar de lo que suponga, me acerco a tu rostro, acariciando tus mejillas y planto mis labios sobre los tuyos, saboreando tu esencia, besando esa hermosa sonrisa.
Sucubo. Parte 2 y final.
-¿Estás
preparado para empezar las locuras?
No soy capaz de
hablar ni decir nada, mi respiración se acelera y mi cuerpo se paraliza. Se está
acercando a mi oído y susurra algo, pero mi cerebro no es capaz de
comprenderlo, pasa su lengua por mi cuello y baja sus manos por mi torso hasta
llegar a mi paquete. ¡Me está metiendo mano! No sé qué hacer y empiezo a
acariciarle la cabeza mientras ella se come mi cuello, quiero besarla, pero me
bloqueo cuando empieza a bajarme la cremallera del pantalón, agarra mi pene y
empieza a tocarme mientras me mira a los ojos, solamente me mira, me vuelvo
loco y cojo su cabeza para besarla pero se niega, solo pasa la lengua por sus
labios y mientras mueve su mano con movimientos rápidos sobre mi erección.
-¿Te
gusta, Max? –susurra en mis labios sin tocarlos.
Quiero correrme,
agarro sus pechos y empiezo a lamérselos por encima, deseo sacarlos de ese top
y devorarla, entonces para. Estoy sudando, aún no he terminado y me sonríe con
malicia.
-¿Quieres
más? – ¿en serio me pregunta eso? –Pues tendrás que seguir esta noche conmigo.
Sale del baño, me
quedo solo, con la polla por fuera, sudando y con cara de loco. Esta será la
mejor noche de mi vida, lo presiento. Me coloco la ropa y salgo corriendo del
baño, pero no ella no esta.
-Ha
dicho que te espera fuera, ya ha pagado todo chaval –me mira -¡qué suerte
tienes cabrón! –se ríe a carcajadas y salgo hacia afuera.
Esta fumando
sobre el coche y cuando me ve salta hacia mis hombros, tira el cigarrillo y se
acerca a mis labios, esta vez los roza, solo los roza y cuando busco más se
acerca a mi oído.
-¿Continuamos
la fiesta?
Subimos al coche
y conduce, ya no sonríe, ya no se muerde el labio ni me mira, esta recta en el
asiento, con las dos manos en el volante y conduce, embrague, cambio de marcha
y acelera más y más rápido, y lo mejor es que no me importa, sigo recostado en
el coche mirando la oscuridad de la carretera, no pienso, no me lo quiero
permitir.
Pasamos a un
camino de campo, las ramas de árboles chocaban con nosotros y los pequeños
animales corrían con el paso del vehículo, llegamos a un riachuelo con una isla
en el centro. Estamos lejos de la ciudad y las estrellas nos cubren viéndose en
su casi totalidad, la luna es la única luz y permite ver poco, el reflejo del
agua y algunas luciérnagas.
-Vamos,
–mira firmemente el agua –quiero divertirme.
Sale y va al
maletero de donde coge unas botellas de cerveza y se dirige al asiento trasero,
la miro y no puedo creérmelo, mueve la cerveza de un lado a otro invitándome a
su fiesta y sin salir del coche me voy a su lado, abre una cerveza y se sienta
en mis piernas de nuevo.
-¿La
compartes conmigo? –me hace un puchero con la boca sacando pecho.
Empezamos a beber
juntos, primero ella luego yo, luego echa la cabeza a atrás y abre la boca
mientras le introduzco la bebida, se ahoga un poco y casi toda la cerveza cae
en su top blanco, manchándola. Me mira y eleva los hombros, como si diera
igual, quitándose el top quedándose en sujetador, negro y con lacitos azules
entonces se tira cerveza en los pechos y me lanzo a chupárselos, me agarra de
la cabeza, me acaricia y gime, joder, gime y empieza a moverse sobre mí.
Acabamos de
bebernos cinco cervezas, estoy algo mareado y ella no para de reírse y de
lamerme el cuello, me da pequeños besos en los labios, apenas los roza,
entonces agarra mi mano y empieza a tocarme los dedos, separa el índice y se lo
mete en la boca, con movimientos seguidos, me mira a los ojos, seduciéndome.
Para y sale del
coche, las luces siguen encendidas y se pone de espaldas, levanta los brazos y se
gira, me sonríe y empieza a desvestirse, primero los tacones, después empieza a
desabrocharse el pantaloncito: quita el botón y baja la cremallera muy
lentamente. Empieza a bajarse los pantalones solo con los dedos pulgares sin
dejar de mirarme. Se vuelve a dar la vuelta y veo como se quita el sujetador,
lanzándolo al aire, sigue andando y se adentra al agua por completo, saca la
cabeza y me mira de nuevo, levanta la mano y me llama con el dedo índice.
Abro la puerta
rápido y corro, me quito las deportivas y la camisa, bajo la cremallera y mis
pantalones, pero tengo problemas con los calcetines, no me puedo quitar los
calcetines corriendo, me mato, lo veo. Me quedo en boxers, son negros y me
adentro a la oscuridad del agua, quizás hay culebras o animales que me coman,
¡no seas neurótico! Me pongo a su lado, el agua solo me llega a la cintura y me
arrodillo, se cuelga de mi cuello con las manos y a las caderas con las
piernas.
Me empieza a
besar, con fuerza, nuestras lenguas se rozan al igual que nosotros, se mueve
como loca sobre mi paquete mientras me besa, acaricia mi cara, mi pecho y yo
toco todo, manoseo sus pechos y cojo su pezón con una mano viéndola estremecerse
y gemir, con la otra atrapo sus nalgas y las aprieto, me vuele loco, sus besos
húmedos se vuelven lentos, muerde mi labio inferior, de pronto para. Me mira y
acaricia mi cabello.
-No
puedo esperar más, -dice en mi oído entre jadeos –no quiero esperar más.
Se levanta y me
coge la mano, me dirige hasta la pequeña isla del centro del rio, estoy algo
mareado, pero continuo de su mano, cuando llegamos me mira, las luces aun nos
alumbran y la veo ahí, semidesnuda, lo único que la tapa es un pequeño tanga
negro con lazos azules al igual que su sujetador. Levanto mi mano y la acaricio
el rostro, dirige mi mano hacia su cadera, donde tiene el tanga y me pide en un
susurro que se me lo quite, con los dedos índice baje esa pequeña tela y con mi
mano derecha empiezo a tocar la piel lisa y suave que estaba escondida bajo
ella, vuelve a coger mi mano y la aprieta contra su sexo e introduzco un dedo
mientras nos tumbamos de lado mirándonos a los ojos, a la vez empieza a
masturbarme y dejo de tener el control sobre mí.
Me coloco encima
de ella con mis piernas entre sus caderas, cojo sus delicadas muñecas con una mano
y las sostengo por encima de su cabeza mientras beso una de sus perfectas
tetas, sus pezones rosados están duros buscando mi atención. Bajo mi cara sobre
el derecho lamiéndolo lentamente, con mi mano aprieto el otro sin olvidarme de él
y cuando la oigo gemir muerdo lentamente, levanto la cara y veo su cuerpo, sus
pechos rojos, sus ojos brillantes y el labio hinchado de mordérselo, paso mi
mano por su coño y está húmedo, perfecto.
Sonríe y se
deshace de la prisión de mi mano sobre sus muñecas. Poniéndose boca abajo e
intentado huir, pero la sujeto de las caderas y me tumbo sobre ella.
-No te
vas a escapar –sale de mis labios, pero ese no soy yo, no suena como mi voz, me
ha convertido en algo que no entiendo.
-¿Y
qué vas a hacer? – me pregunta con fingida inocencia.
Tiro de sus
mechones chocolate y muerdo su cuello, abro sus piernas desde atrás, coloco mi
polla en la entrada de su cueva que empieza a mojarme sin entrar, tiro más de
su pelo para tener su cara a mi altura y veo como se apoya en los brazos, me
mira con interés y deseo, doy un lametazo en el lóbulo de su oreja y sin que se
lo espere me adentro en ella, sus ojos se abren a la vez que su boca y empiezo
a moverme lentamente, resbalándome por su interior.
Poco a poco voy
acelerando el movimiento, busco apoyo colocando mis manos al lado de las suyas
acelero mis caderas, grita y gime, me pide más y algo en mí se despierta, me
apoyo sobre mis rodillas y voy levantándome con ella aun dentro, levanta su
culo buscándome pero no le da tiempo y salgo. Se arrodilla girándose sobre mí
abruptamente y me mira como si le hubiese quitado un caramelo.
-¡Fóllame
más joder! –Me grita.
Rápidamente
empujo su cabeza y se pone a cuatro patas, sin que le dé tiempo a acomodarse meto
mi verga agarrándola de las caderas y doy una sola embestida. Grita. Y la
follo, la embisto rápidamente sin dejarla un descanso, estiro mi brazo izquierdo
agarrándome a su hombro y con la otra mano acaricio un trozo de su nalga
derecha.
-¡Max!
–grita y me ciego.
Vuelvo a apoyarme
en sus caderas yendo despacio pero con movimientos más fuertes, gime cada
vez que me abalanzo con fuerza, me pide más, dice mi nombre y levanta su
trasero buscándome como una gata en celo.
Me mareo y siento
en mi miembro la necesidad de correrme, acelero el ritmo de nuevo, rápido,
resbalo mi polla en su coño estrecho, mojado y siento que me corro, voy más
rápido, no le da tiempo a gemir solo suspira
y sus gritos se entrecortan, arremeto contra ella y lo siento. Sin más
paro, no he terminado pero mi cuerpo ha
parado, me siento cansado y no puedo seguir, se gira con su carita roja
preocupada.
-¿Estás
bien, cielo? –pregunta casi asustada.
-Si,
-contesto confuso –solo algo cansado.
-No
pasa nada –vuelve a lamerse el labio inferior –yo puedo ayudarte.
Me empuja y caigo
de espaldas, se acomoda sobre mi erección y empieza a frotarse, mueve sus
caderas y me siento bien de nuevo, levanta sus brazos por detrás levantando su
pelo mientras mira al cielo, mis manos rápidas van al encuentro con su
delantera y sin más se clava en mi pene y empieza a moverse, tiemblo, no sé qué
hacer con las manos.
Sus caderas se
mueven hacia todas partes, no la sigo, se inclina y se le caen algunas
piedrecitas que tiene pegadas en el abdomen, se aferra a mis pectorales con las
dos manos y me araña, pero solo siento mi polla empalando su feminidad, levanto
mis caderas buscando meterla, todo lo posible, solo quiero sentirla por completo.
-¿Estás
listo? –pregunta entre cortada por los gemidos.
-Sí.
–Que más decir, quiero correrme ya y seguir comiéndomela.
-Yo
también te quiero comer.
-¿Cómo?
Sus movimientos
se aceleran, ¿también? ¿Cómo coño lo ha sabido? Pero sus movimientos me
enloquecen y la sangre esta toda en mi hinchado órgano a punto de culminar,
agarra mi mano y me incorporó quedando los dos sentados enfrente del otro,
besándonos mientras nuestros sexos se unían. Lo siento correr por mi cuerpo, el
éxtasis, me corro, cierro mis ojos y abro la boca emitiendo un gemido desde lo más
profundo de mi ser.
-Lo
siento mucho cielo –susurra.
Se acerca a mis
labios me mareo, no siento nada, abro los ojos y veo que no es ella, su pelo marrón
se ha vuelto blanco, sus hermosos ojos son completamente negros con una línea
roja vertical y sus cuatro colmillos han crecido como los de un lobo.
Estoy asustado
pero no me puedo mover, ella continua con sus movimientos y yo no puedo
moverme, estoy débil y ella sigue siendo hermosa, sigue gimiendo y de pronto
grita, abre su hermosa boca y veo como algo de mis labios sale hacia los suyos.
Araña mi pecho abriéndolo. Lo último que veo es una lágrima.
Sostengo el
corazón del chaval que acabo de matar con mi mano derecha, es la primera vez
que derramo una lagrima, muerdo su órgano y la sangre corre por mi boca,
bajando hasta mis pechos y el cuerpo inerte del chico, que parece una momia,
toda su energía es mía, se la he robado y él no es reconocible. Me limpio en el
rio, me dirijo al coche a por la ropa que hemos tirado, me visto y doblo la suya
sobre su cuerpo, abro una cerveza y la derramo sobre él, el fuego no dejara nada
de su paso.
Vuelvo al
vehículo y cojo una pequeña caja de madera, la abro, acaricio el terciopelo morado,
ahí dejo el trozo de corazón que he dejado. Miro hacia la fogata de su cuerpo y
derramo otra lagrima a la vez que enciendo un cigarrillo de los que me vendió.
Me subo y conduzco… No vuelvo a mirar atrás, esa es la norma, esa es la
condena.
martes, 11 de marzo de 2014
Sucubo, parte 1.
Como todas las
noches se acerca, compra una chocolatina y se inclina dejando ver un exuberante
busto mientras mechones de su cabello
chocolate caen rozando su piel y mis ojos se paralizan en esos dos monumentos
de lo sensual. Huele a vainilla y la boca se me hace agua. Por fin recobro el
sentido y miro su cara, redonda con unos ojos negros como la noche, grandes
pestañas, una nariz pequeña y respingona,
labios carnosos, grandes, me sonríe, veo sus labios extendiéndose y
dejando ver unos dientes blancos y grandes, su sonrisa lobuna me atrapa.
Se da la vuelta
en dirección a los refrescos y con el dedo índice izquierdo levanto mis gafas,
que hasta hace no mucho eran de pardillo y que
ahora todos llevan, justo a tiempo de ver como se agacha a por una Coca-Cola
del fondo, se pone de cuclillas para cogerla y cuando se levanta puedo observar
lentamente su movimiento: echa su cuerpo hacia adelante dejando ver una curva
en su espalda, su culo se levanta suavemente haciendo que esos pantalones
cortos parezcan un simple tanga y su largo pelo ondulado se mueve hacia los
lados dándole una imagen de sirena. Siento algo duro en el pantalón y no me
extraña, es como un ángel maldito.
Se acerca al
mostrador, llevo solo 7 meses trabajando en la gasolinera y todos los viernes
llega ella, pero nunca dejo de asombrarme y calentarme, sus tacones resuenan en
el suelo “ clac” “clac”, abre su chaqueta para sacar la cartera del bolsillo
interno y sus pechos salen disparados de esa prisión de cuero marrón dentro de
un top de tirantes con un escote que no deja nada a la imaginación, abre sus
labios y empieza a emitir un sonido dulce y ronco que emerge de su garganta, mi
piel se eriza.
- Hola
cielo –me dice mordiéndose el labio inferior – ¿me das un paquete de
cigarrillos?
La miro de arriba
abajo, no puedo apartar la vista, es como una Afrodita motera, sus ojos
nocturnos pintados no dejan de mirarme esperando mi reacción y me doy la vuelta
a por su tabaco, siempre el mismo, siempre los mismo movimientos, siempre
parezco idiota a su lado.
- Muchas
gracias guapo –me sonríe, una sonrisa enorme y mis manos sudan, soy patético
-¿cuánto es?
Me está
vacilando, sabe cuánto es, siempre hace la misma compra, pero siempre respondo
una risita estúpida.
-Son
8,70 pre…preciosa.
¡Mierda! ¿Qué
coño acabo de hacer? La he llamado preciosa y encima como si fuera retrasado, me empiezo a
frustrar y mi sonrisa se vuelve tensa, quiero correr de ese sitio, pero de
pronto capto una risita que viene de su hermosa boca, sus ojos se achican y su
risa resuena por toda la tienda. Para y me mira con algo parecido a la ternura
y lastima.
-Eres
una monada –sus ojos ahora son más
serios y pasa la lengua por los labios superiores mostrando un pircing rosa
-¿cómo te llamas?
Mi cerebro no
puede procesarlo, ¿le he gustado? ¿O solo quiere molestarme? Me da igual, es la
primera vez que llego así de lejos y no quiero malgastarlo, iré a por todas.
-Max –
suelto tan rápido como puedo, parezco un pardillo, se reirá de mí.
-Maaxx
–saborea las letras, me vuelven loco esos labios –eres una monada, yo soy
Ishtar, ¿a qué hora sales de aquí?
Me he quedado sin
sentido, quiere verme al salir, no lo puedo creer, que hago, me mira con
impaciencia. Echa el pelo hacia atrás con su mano, acerca su escote al mostrador y se muerde el labio inferior.
Cuando me doy
cuenta tengo la boca abierta y parezco un pervertido, me sacudo la cabeza y una
risita sale de su boca.
-¿Y
bien? –insiste -¿Te apetece que nos veamos luego?
-Claro,
salgo a las 12.
-Pasare
a por ti, cielo.
Me cambio de camisa
y salgo de la gasolinera a las 12:10, ella está ahí fuera, esperándome en un
coche mercedes blanco con todos los cristales tintados, fuma y cuando me ve se me acerca. Me da dos
besos y sus tetas me rozan sorprendiéndome.
-Ven
Dice mientras
entra en el asiento del conductor y cuando voy a cerrar la puerta veo a mi
compañero con la boca abierta sin creerse mi suerte. Estoy temblando, ¿qué
estoy haciendo?
No deja de mirar
a la carretera y sonreír, no sé qué decirla, me remuevo en mi asiento y la
observo, sus movimientos delicados, casi como de una princesa, estoy a punto de
decirle algo y me mira.
-¿Cuántos
añitos tienes, Max? –me mira de arriba abajo y veo su lengua posándose sobre
sus dientes.
-Tengo
19 ¿y tú?
-Eso
no se les pregunta a las señoritas, ¿no te lo enseño tu mama? –ríe y su rostro se torna serio de repente -¿Te
molestaría si fuera mayor?
- No
–digo asustado, sus ojos son peligroso, como una serpiente a punto de atacarte
–yo… Yo… -Tartamudeo – Solo quería saber algo de ti.
Estoy sudando, la
he cagado, ella no querrá volver a verme.
No hablamos
durante todo el trayecto, conducimos a oscuras saliendo del pueblo y llegamos a
un bar de carretera donde solo hay tres coches. Apaga el coche y sale de la máquina,
dirigiéndose hasta mi puerta, no me he movido, abre la puerta y se mete dentro
subiéndose en mi regazo.
-Es
aquí, cielo –vuelve a sonreírme y se acerca mi rostro –espero no haberte
asustado, me pareces muy mono –abre los ojos y veo como un destello rojo –me
gustan mucho tus labios, son muy comestibles.
Estoy paralizado,
la sangre corre por todos lados sin pararse en ningún sitio, su aliento a menta
y a vainilla me embruja, me quedo fija en sus labios pintados de marrón e
intento besarla pero se aparta.
-Tu…
Tu eres muy guapa.
-Eres
un amor de persona, vamos, -se levanta y sale del coche –vamos a tomarnos algo
y a conocernos.
Entramos en el
bar y nos dirigimos a la barra, es como un restaurante familiar con manteles de
cuadros y dibujos en las paredes, en una mesa de la esquina hay un hombre
masturbando a una rubia demasiado borracha e intentando fingir que están
hablando.
Nos sentamos en
una silla y pedimos dos cervezas, Ishtar empieza a preguntarme sobre mi vida,
con vitalidad, ya no parece una vampiresa, desprende energía y se interesa por mí.
Le cuento mi historia, donde nací, las galletas de chocolate que hace mi mama
cuando le hago el desayuno y que estoy ahorrando para ir el próximo año a la
Universidad.
-¿Y
quién eres tú? –le pregunto con familiaridad, ya no dudo, no tiemblo, solo
disfruto de ella, pero su rostro cambia.
-¿Quién
soy yo? –suspira –Solo una incomprendida más que lucha por sobrevivir. –Da un
trago acabando con la cerveza, suspira –Dos chupitos de tequila guapo –le pide
al barman y le guiña un ojo.
-Lo siento,
no quería molestarte.
-No lo
has hecho, ¿Y sabes qué? –me susurra al oído mordiendo mi lóbulo –Esta noche me
lo quiero pasar muy bien contigo, ¿hacemos locuras?
-Tengo
que ir al baño –soy imbécil –ahora vengo.
Miro al espejo y
me hecho agua a la cara, me observo, no soy nada especial, un chico normal. Me
acerco al espejo y analizo mi cara, mis ojos son castaños, tengo la nariz algo
grande y ya no hay rastro del acné, eso es bueno, dijo que mis labios eran
bonitos, será verdad. Antes de salir le pedí gomina a mi compañero de trabajo e
intente hacerme algún peinado moderno, pero más bien parece que un gato me ha
peinado el pelo cobrizo.
Vuelvo a mojarme
la cara y cuando me dirijo a la puerta esta ella, de pie al lado de una viga,
con los brazos cruzados y mirándome con cara seria, no tenía la chaqueta y su
top blanco dejaba ver su sujetador negro, se acercaba a mi balanceando su
cadera a los lados, estábamos frente a frente, saboreo su sabor sin probarla,
sonríe y pone sus manos sobre mi boca.
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